Exceso y mala calidad de la información.

Es evidente que tanto el exceso de información como la falta de la misma es un problema. Y lo es más en tanto en cuanto la información que tenemos es de mala calidad. No es desacertado hablar de “infoxicación”, un término que define la realidad de la información hoy día: demasiada información y de mala calidad.

Entra en juego la responsabilidad de los mediadores de la información, que, aplicando un tamiz sesgado, provocan esa desinformación con noticias dirigidas, sectarias o carentes de objetividad.

Así, nos encontramos hoy con una red sobresaturada, llena de información (muchas veces inútil, errónea o incompleta) y publicidad molesta e inservible (spam, banners, pop-ups).

En un entorno así, la búsqueda de informaciones concretas se hace ardua y la posterior clasificación de la información por su corrección, calidad, etc. conlleva mucho trabajo. Las empresas son quienes mayores problemas tienen para encontrar la información que les es necesaria entre tantos millones de datos.

La mala información provoca una mala percepción de la realidad, de la verdad; y es responsabilidad de todos los profesionales implicados trabajar con rigor y disciplina.

Los clientes/usuarios demandan una información que aporte valor añadido a su experiencia, mejor, de mayor calidad e interesante para ellos para hacer no sólo que adquieran nuestro producto, sino que repitan.

Para ello, hay que saber llegar hasta los mismos, saber qué necesitan, cuándo lo necesitan y porqué lo necesitan. Ahí entra en juego nuestra pericia a la hora de interpretar y gestionar los datos de todos nuestros clientes, el Big Data.

Un buen estudio, análisis y diagnóstico de la información aseguran la calidad de la misma.

Pedro Arroyo