El humanismo en la comunicación política

El humanismo y la política no debería ser conceptos distintos, en cuanto ambos tratan de personas. Desde que el hombre es hombre y la política, política, el humanismo siempre ha tenido mucha presencia en ella.

La política es intrínsecamente humanista, el tratar las relaciones humanas y su organización no es un asunto baladí.

La mayor amenaza para las democracias es su falta de contenido. Esta falta es el caldo de cultivo para populismos y demagogias, y estamos hablando de los mismos problemas de la democracia desde el siglo V a.C., y seguimos sin aprender.

Los populismos de hoy en día no dejan de ser copias más sofisticadas de las llamadas tiranías atenienses.

Para Platón, “el riesgo de desentenderse de la política es ser gobernados por los peores”

La política y el humanismo son conceptos que están regidos por la filosofía moral de sus miembros. Tratar al individuo como fin y no como medio es lo que configura las valores de esa acción política, y por ende, la dirección a la hora de su comunicación.

El carácter que debe marcar al ciudadano virtuoso es el civismo de sus acciones y el sello que debe marcar al verdadero líder en tiempos de crisis sanitaria, incertidumbre, polarización, crisis económica y social; con crecientes desafíos impuestos por un futuro de cambios vertiginosos y acelerados.

Ese liderazgo basado en valores socialmente responsables es el que configura los logros de un determinado político.

La política centrada en nombres y no en objetivos contribuye a la desaparición de la democracia, y a la aparición de populismos reduccionistas que se enfocan más en los bandos que en las personas.

Una comunicación política basada en los intereses personales o partidistas, desenfocado de la persona que configura una sociedad, puede que gane, pero no durará.

Sus postulados son caducos, y están fundamentados en esos intereses cambiantes y no en las necesidades de las personas.