Realidad política y confianza.

En estos días, no se nos ha pasado la realidad política que vivimos.

Mociones de censura, fallos de las mismas, convocatorias de elecciones… y un cortoplacismo instalado en la política que nada tiene que ver con solucionar problemas y sí con el repartir, resintiéndose la confianza que depositan los españoles en sus representantes.

Se ha implantado la “comunicación de trinchera”, tendiendo a la polarización social y a la división entre buenos y malos.

“A río revuelto, ganancia de pescadores”

Los partidos con un discurso radical, ¿tienen su “ganancia de pescadores” en tiempos convulsos como crisis económicas y sociales?

La solución pasa por votar programas electorales, no discursos que venden humo, discursos que son un imposible o de consecuencias imprevisibles, sin contenido real que solucione los problemas del país.

Lo contrario es un indicativo claro de falta de madurez democrática.

Toda la información y comunicación que circula estos días en los distintos canales y medios apela al intangible de la emoción, y sí, las personas son netamente emocionales pero no son tontas.

Ante esto, cabe preguntarnos: ¿cala un discurso radical en la sociedad? ¿Inspira confianza un discurso radical?

Aunque haya un exceso de información (habitualmente de mala calidad) y de comunicación, no se acaba de configurar el statu quo del perfil político español.

La sociedad española es de naturaleza conservadora, tanto de izquierdas como de derechas. Los cambios sociales, políticos y económicos se consiguen a través de posturas moderadas.

Los políticos, hoy en día, ocupan posiciones altas en los índices de preocupación de los españoles. Hay que preocuparse cuando los que están para proponer soluciones son vistos como parte del problema.

¿Cómo han evolucionado los discursos de los partidos durante la pandemia? ¿Y en el ámbito preelectoral en el que llevamos inmersos casi 3 años?

Se hace más necesario que nunca contar con un estudio, análisis y diagnóstico de la información, y resulta clave a la hora de tener una buena estrategia de comunicación y un mejor plan de comunicación.

Y ya que estamos, parafraseando al refranero, tenemos que ser capaces de “separar el grano de la paja”